Mi Navidad.

El ser humano está condenado a una evolución degenerativa, ese es su sino, y así será…

Cuando llega Diciembre, mi estómago produce una naúsea que no desaparece hasta después de Reyes, aunque desde la llegada de mi Duende, hace ya casi once años, de forma activa ,me narcotizo con sobredosis, en perfusión continua, de esa alegría, ilusión y fantasía tan tremendas que lo caracterizan.

En mi casa ,la Navidad y su víspera, siempre estuvieron envueltas en el luto perpetuo de mi Abuela. Enviudó a los 23 años, enamorada hasta las trancas del hombre de su vida, mi Abuelo, al que una leucemia implacable, robó el último aliento de su existencia ,el día seis de enero, día de Reyes, de hace casi 70 años, tras una Navidad de sufrimiento sin límites para él, viendo lo que dejaba, y para los que veían , rotos de dolor, cómo un hombre de 27 años, guapo como pocos por entonces, y fornido como un roble, se apagaba en una debilidad extrema que consumía su vida y la de su mujer. Mi madre, la niña de sus ojos, sólo tenía once meses y, aunque en esos momentos era un bebé feliz enganchado a la teta generosa de su madre, aquellos momentos la marcaron para siempre.

De cualquier forma, la alegría navideña de hoy día, es comprable y consumible. Desde principios de diciembre, se interpreta la farsa del compañerismo y el falso amor en las denigrantes ” comidas de navidad”, y hasta se contabilizan por grupos : compañeros de trabajo, amigas del alma, familia…y así, hay quien llega a enero con un cerro de comidas a sus espaldas, de cuyos comensales, no volverá a interesarse de forma afectuosa, hasta diciembre del próximo año… Cuando yo era chica, no había comidas de Navidad, había comadreo, y, aunque era continuo a lo largo del año, en estas fechas, se hacían pestiños y se cocían tortas de polvorón y rosquitos de vino. En casi todas las casas de mi calle,la calle San Benito, había un plato con dulces y una botella de anís El Mono o Marie Brizard, y un par de vasitos de cristal . La faena de la casa siempre empezaba por barrer la puerta de la calle, y ese era el momento álgido del encuentro de comadres :mi Abuela, mi tía Benita, María la Gallega, Mariquita, Manuela la Piñona, Ana ,la del ” Babotán”, que no salía hasta que, su especial marido ( dejémoslo ahí….), no se iba, y María la Pájara, que no salía a barrer la puerta, controlaba tras la persiana a qué casa había que ir a por el pestiño y el tiento de aguardiente. Eran tiempos de escasas pesetas en el bolsillo, pero de sanidad social incuestionable.

En aquellas navidades, los Reyes eran discretos y modestos, sólo traían un regalo, y una cajita de zapatos llena de chucherías que dejaban en la tienda de Juanita, y que mi madre intentaba racionar …sólo lo intentaba. También tenía el regalo de mi abuela Josefa, pero ella era mujer de poco afecto y ” tonterías”, las menos, y  aquello de : ” Acércate a la tienda de Emilio el de Estrena, y le dices a Eduarda qué le vas a pedir a los Reyes”, a mí aquello me destrozaba… empezando porque Eduarda era ( es) más “esaboría” que un plato de coles, y terminando porque en aquella tienda no había magia, los Reyes siempre me dejaban dinero en casa de mi abuela Josefa, y a mí el dinero no me servía para nada…

No había espectáculos navideños, ni cine, ni escaparates, ni alumbrao… pero por las buenas notas, nos daban cinco duros para comprar petardos , de a peseta, que daban más, en casa de Salud Viera, que cuando íbamos más de dos, se ponía nerviosa pensando que teníamos intención de meter la mano en alguno de los botes de caramelos rancios, que nunca vendía, por caros… pero había tiempo indefinido para jugar en la calle,  ¡y dar por culi a los vecinos con los petardos!, aquel subidón de adrenalina, al salir corriendo, tras arrojar el petardo en casa de Babotán, y la risa descontrolada, calle arriba o calle abajo, mientras el otro escupía lindeces por aquella boca blasfema…¡aquello era emoción a destajo…!

Tampoco había marisco , ni platos excéntricos y exclusivos… Quién criaba cerdos, tenía su jamón de la matanza pasada, y el morcón, que por ser más gordo, aguantaba hasta Navidad, el queso de cabra en aceite de Concha la de Venaito, y, a lo mejor, un buen par de melonacos gordos, reservados en un cajón de madera , uno para Noche Buena y otro para Noche Vieja. El  plato estrella era el pollo que se criaba en el campo o en los corrales de las casas, y que había que meter en cazuela el día antes , porque su cochura requería maestría y tiempo… En mi casa, se mataban tres pollos. El baño de lata se ponía a hervir con agua, en una candela que encendía mi padre antes de irse a trabajar, al lao de la ventana de la fragua, en el patio. Mi abuela preparaba los cuchillos, mientras llegaba mi tía Benita y mi madre tragaba valor… Yo, Rocío y Felisa, de pié, junto a la piedra de molar,para ver el espectáculo, y aquellos tres condenados de impresionantes crestas rojas y espolones como navajas, prometían… Mi abuela sentada, con el pollo sobre la falda, mi tía Benita le sostenía las patas, y mi madre las alas. Con la mano izquierda , la cabeza , con la derecha el cuchillo preciso. El asco estaba servido, pero ninguna apartábamos la mirada. Y cuando cesaba la convulsión de la lucha por la vida, el asco daba paso a esa sonrisa socarrona de protagonismo : ” ahora es mi turno”, y nos remangábamos los jerseys para desplumar el pollo escaldándolo con agua hirviendo, y también empezaba la “pelea”: ¡ el pollo es de mi abuela…!, así que yo empiezo y quito más plumas.Terminábamos indecentemente sucias, también se escapaba alguna que otra palabrota, los empujones por las plumas del pollo, y algún tortazo de mi madre para que dejase de ser una burra… aquello sí era preparar las Pascuas…

En mi casa, no había árbol de plástico con luces ni espumillón. Era una casa de labor, mi madre era austera como una espartana, y mi abuela no entendía de esas tonterías modernas de brillos y colores. Mi padre me traía un madroño y murta y romero para la maceta y para el portal. Al final quedaba precioso, porque no había bolas más bonitas que aquellos madroños lustroso y ricos…¡ese rojo es tentador….!, y los lacitos de recortes de tela que me hacía mi abuela para adornar el árbol,¡ eran únicos!, y los borlones de lana usada, y la estrella de cartón y papel de plata….en el segundo comedor, en aquella casa de techo de cuarterones de madera y caña… aquello sí era festividad…

Ya no hay postales, ni llamadas telefónicas para desear felicidad… fríos mensajes de texto que valen para todas las amistades…velocidad frenética para comprar ese vestido que con tacones de vértigo, en la noche de fin de año quedará fantástico…y el día de Reyes, los árboles de plástico se llenarán de regalos…y al final, el balance navideño, será negativo, por el gasto, y por los pocos abrazos dados y recibidos, de corazón a corazón…porque inernet, mató el deseo de calor humano….

 

 

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Acerca de Granu

En la composición de mi historia, las Parcas no dan " puntá" sin hilo. Nací entre telas, jugué con agujas, alfileres y dedales, diseñando el patrón de cada segundo por venir, para que no hubiese dos iguales. Así, al final, podré reirme de todos los días que cosí, con estilo propio, sin dejar ocasión de intervenir a deidades caprichosas y universos cabrones. Míos son los errores, mío será el milagro.
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4 respuestas a Mi Navidad.

  1. Gloria Amparo Edo Ridaura dijo:

    Oooooh que cierto granu… Se perdieron los encantos sencillos de aqullos dias… Un abrazo de corazón por las añoranzas… Las cuales también comparto…

    • Mon dijo:

      Compartirlas contigo es un regustazo!

      • Lourdes dijo:

        Mis navidades este año son distintas, gran parte de este cambio te lo debo a ti…..he decidido asistir y hacer solo q me sale del alma y del corazón. No echar de menos a los q me matan con su ausencia, si no ponerle un cubierto en la mesa…las velas q siempre guardo con tanto cariño ahora las enciendo …..en la distancia tambien comparto contigo….

      • Mon dijo:

        Lo nuestro no tiene nombre….!!! Porque trasciende a las posibilidades que ofrece lo ordinario…

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